LA ZARZUELA, UN ENFERMO QUE NO SANA...NI MUERE

"Pero es evidente su debilidad. No debe engañarse al enfermo ni a sus más íntimos, salvo que aquellos deseen ser engañados.
Repasando hace poco tiempo la actualidad zarzuelera en Barcelona y su provincia, tuve, más que nunca, esa impresión (o esa evidencia, si se quiere). ¿Se representa? Sí. ¿Cuándo y dónde? En lugares geográficos dispersos y pocas, muy pocas veces al año. A veces, ninguna vez. Y, mucho menos, con el gran aparato publicitario que merece y con la solera de varias compañías "de buena casta". Tenemos poca zarzuela. ¿Porqué?
¡Tantos "porqués" hay contestados ya, que casi es una perogrullada repetirlos!. He dicho en otra ocasión que remozar la zarzuela, cambiando épocas e incluso modificando diálogos y hasta los desenlaces de las obras, no resulta digno ni justo. Sus autores, como los pintores y los escultores, merecen el respeto a su creación, a la integridad de su obra. Nos guste o no. El que busque fama o notoriedad o dinero, hágalo en buena hora, pero con su propio saber, con el ingenio, si lo tiene, que lo permita. Si no es así, ancha es Castilla para buscar nuevas sendas.
No deseo caer en el tobogán ilusionado de que, con medios, la zarzuela volvería a brillar esplendorosa en todas las tierras de nuestra geografía, puesto que hoy, era de los medios audiovisuales, informáticos, cibernéticos, etc. y con una audiencia volcada en espectáculos teatrales de poco calado artístico, (en su mayoría, coyunturales y pasados por el tamiz del oportunismo), sería casi un prodigio su revitalización a ese nivel.
No obstante, dado que en nuestro género lírico se encuentran libretos dedicados al tema marinero, militar, rural, pastoril, religioso/moral, político/social, oriental, bohemio, y hasta, en el puro sainete o revista azarzuelada, el tema frívolo o pícaro. En donde se cultivan las costumbres de su momento histórico, con sus odios, sus venganzas, sus amores imposibles, sus pasiones frustradas, sus celos infundados, siempre resueltos sin consecuencias apreciables, y en donde se ubican festejos y actividades de muy diversa índole, como moros y cristianos, gigantes y cabezudos, monterías, molinos de viento, circo, etc. Y, dado que algunas de sus mejores obras se desarrollan fuera de nuestra tierra (El asombro de Damasco, Bohemios, La canción del olvido, La corte de Faraón, El niño judío, La Dogaresa, Don Gil de Alcalá, La Generala, Katiuska,), pregunto:
¿Es descabellado y utópico pensar que, si se escribiesen buenos y dignos libretos dedicados a los temas actuales, a las relaciones humanas de hoy, no podría unirse este nuevo potro a la vieja diligencia?
Eso sí. Abogo decididamente por buenos libretistas y por buenos argumentos, donde impere el buen gusto literario, y la convicción moral de que todo tiene arreglo con la fuerza de la voluntad, del amor y la esperanza.
No hay que temer ni huir de la "vanguardia". Sí del mal gusto, de lo grosero, de lo derrotista y de la protesta estéril y coyuntural. Eso, si se hiciera, sería una prolongación del brazo inútil citado más arriba. Tirar dinero y no llevar al pueblo la alegría, la belleza del arte, y la esperanza en un mundo mejor.
Otra cosa es la valoración real de su puesta en marcha. ¿El cascabel al gato? Quizá hoy existen demasiados ratoncillos y el gato se ha vuelto gigante y fiero. Y hoy, más que nunca, todos se hacen la misma pregunta. ¿Vale la pena? ¿Y si morimos en el intento?
Hay quien, sin pensar en el sacrificio diario, sin dar valor a sus pérdidas de sueño, de tiempo y quizá hasta de dinero, se vuelcan y se seguirán volcando en ese ilusionado cometido. Es amor al Arte. A nuestro Arte. A la más genuina representación escénica y musical de España. Como un ejemplo, a esta Asociación Lírica de Valladolid. Y a muchos otros, (pocos, en comparación a la antigüanza), que luchan, se esfuerzan y no desmayan en sus propósitos.

El Estado, (y no los coyunturales gobiernos), sino el mismo y permanente Administrador de los bienes del pueblo, debe dar respuesta a estas inquietudes. Y preparar, allanando el camino y dando nuevos impulsos a los creadores, organizando una Sección del Ministerio que corresponda, al fomento de la zarzuela, del ballet, del teatro clásico y moderno "de calidad indiscutible", de la ópera.
Yo me conformo, humildemente, a que se reconozca que la zarzuela merece ya sentarse en ese sillón que espera hace demasiados años que le sacudan el polvo, lo lleven al restaurador y lo dejen de nuevo apto para cuerpo de reyes.
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José Mª J.L. Giménez Ramos