LAS ADAPTACIONES

"Con la limitación que supone vivir "en provincias", estoy asistiendo a diferentes representaciones de Zarzuela, que se ofrecen -tan con cuentagotas-. Allí donde en foros de menor fuste acuden Compañías de aparente menor envergadura, estoy viendo zarzuelas muy dignamente representadas, en versión original, aunque se permitan esas coreografias modernas que parece que se han hecho necesarias para acompañar una romanza o un intermedio, que ya tienen de por sí toda la fuerza y atracción del bell canto o de la interpretación orquestal. Uno sale satisfecho de haber asistido a tal zarzuela que fue a ver. Y quienes son un poco entendidos, saben que no le han metido gato por liebre, dentro de prudentes adaptaciones y algún matiz práctico de modernización.

Pero en cuanto se mete uno en Teatros principales y elencos de gran espectáculo, tiene uno que soportar esas "adaptaciones" salidas de tono o sofisticadas, que desvirtúan la originalidad de la obra, la corrigen, la alteran e incluso la corrompen.

Voy a poner tres ejemplos: he sufrido una "Canción del olvido" que cambiaba completamente el escenario que imaginó el autor. En vez de la "Hostería del Ganso" donde fanfarronea Leonello, un balneario donde se pretende crear un clima cómico (falsamente cómico, y que nada tiene que ver con lo concebido por los libretistas), con gag que intentan la hilaridad pero que caen en el ridículo. Una "Canción del olvido" donde se acentúa lo  esperpéntico y se cae en la vulgaridad, hasta el punto de convertir -crimen de lesa dignidad-la canción de ronda "Soldado de Nápoles" en una pantomima de danza ridícula de hombres en traje de baño con patitos flotadores a la cintura, que hirió al espectador, que no hizo ni el ademán del aplauso. ¡Y el canto estaba muy bien interpretado por un coro profesional! Una "Canción del olvido" a la que se añadieron, sin venir a qué, canciones de otras obras líricas -alguna, incluso de autor extranjero- (seguramente para lucimiento del tenor que no tiene gran parte en la obra central), o un coro de niñeras ''teloneras'' para "divertir" al público con un canto sin inspiración, mientras se hacía la mutación entre dos cuadros.

He visto "El juramento", una obra importante de Gaztambide, donde no sé por mor de qué mal hado, todos los personajes visten igual, y se llega al ridículo -en un momento de la representación- de tener que distinguir a las dos cantantes por una pegatina negra sobre el pecho derecho o sobre el pecho izquierdo. ¿Eso es modernizar una obra? ¿Eso es más arte? ¿Eso es una ayuda al espectador para gozar de la visión sin un nuevo esfuerzo de identificación de personajes? ¿En qué o en quién piensan los "adaptadores" cuando les cae ese corpúsculo sobre sus mentes "renovadoras"?                             

Acabo de ver "La leyenda del beso", esa joya de Soutullo y Vert, obra en dos actos, según el libreto original; obra hermosa, con argumento sugerente para mantener la atención y el gusto del espectador dentro de un tema serio, con su desarrollo y su final. Pues bien: en la representación "adaptada", aparte del añadido inicial, más o menos explicativo, del "espíritu de la madre Ulita", danzando y declamando bajo los acordes de una guitarra, ¿a qué venían esas otras concesiones de baja estofa, que distorsionan la obra? ¿Por qué los personajes tienen que hacer unos añadidos inútiles que ponen al borde de lo barriobajero..., la concesión al "humor" (al bajo humor") que llevan el comienzo del primer acto y del "inventado" acto 3°? ¿A qué viene ese añadido del "tercer acto" cargado de borrachos, que nada tiene que ver con la obra? ¿Es que, por lo demás, tiene sentido un Gorón "invertido" (o como hoy se diría: "salido del armario") que persigue a Simeona y la corteja? ¿Cómo se come eso? ¿Qué concesiones se pretenden a la baja galería? ¿No eran añadidos extra originales algunos cantos de los protagonistas en ese inventado acto 3°, en cuyas canciones no aparece ni la fresca inspiración ni el leiv motiv de tan soberana partitura? Y la muerte, entre estertores desagradables, del Conde Mario, ¿realmente se corresponde al libreto, mucho más sugerente, más delicado y mucho más imaginativo? Y sobre todo, distorsiona la mente del autor que está mucho más metido en la especialidad de su género, que tiene otros parámetros argumentales y de desenvolvimiento de la escena.

No. No comprendo esta fiebre malsana de hacer "otra cosa" para "atraer espectadores" (¿ ?), o el prurito de saber más que los padres de la idea, porque -con lo visto- se acabará por convertir a la zarzuela en espectáculo bufo con sus concesiones a un modernismo anacrónico, pero alejándose de la originalidad, y del mismo valor que encierra en sí la partitura como eje esencial del espectáculo, que lo sustenta y que le da su peso específico.

Tres botones de muestra. ¡Y estoy en provincias, donde se ve poco! Pues lo que debe haber por esos mundos de "nuevos creadores", me dará más la razón. Y yo pregunto: ¿es que la zarzuela no tiene ya en sí sus valores como para poderla representar con la dignidad que le da su misma esencia? Y no me opongo a adaptaciones que mejoren, que hagan digno el aspecto cómico original, que use de recursos actuales para crear espectáculo. Pero me causa una pena imponente pensar que para admirar un cuadro de Velázquez, de Zurbarán o de Dalí, haya que "repintarlos a la moderna", y hacer así "otro cuadro" que "los mejore" y los transforme en un híbrido que no reconoce ya su verdadera procedencia. [Y no hago ni mención, porque ni la merece, a la profanación de "Els Comediants" sobre lo que ellos han remedado de "La Verbena de la Paloma", porque eso ni puede pertenecer a un comentario sobre la zarzuela]."

Manuel Cantero Pérez